sábado, 3 de marzo de 2012

Phil Collins: "Las Malvinas son Argentinas"


El cantante británico Phil Collins dijo que "Las Malvinas son argentinas" y agregó que "ya no se puede seguir avergonzado al mundo y a nosotros mismos".

En un reportaje concedido al periódico The Lies News, el ex baterista de Génesis exhortó a su país a finalizar todas las ocupaciones de territorios extranjeros y concentrar los esfuerzos hacia el pueblo británico y sus dificultades.

Interrogado sobre "Las Falklands", sostuvo que "Las Malvinas son argentinas y deben devolverse"; asegurando que "no es un oportunista que lo dice ahora" ya que no tiene planeado hacer conciertos en Buenos Aires; algo que se interpretó como un tiro por elevación a otros cantantes británicos.

En otro tramo reveló que en 1982 le manifestó su solidaridad a los conscriptos argentinos aunque no confirmó si una fotografía que circula por internet retrata ese momento:

Finalmente, Phil Collins dijo estar de acuerdo con la Presidenta de la Argentina ―Cristina Fernández de Kirchner― en su reclamo pacífico por la soberanía de las Islas y recordó que su crítica al colonialismo, a la guerra fría y a los líderes como Thatcher y Reagan se plasmó en el videoclip del tema Land of Confusión escrita y compuesta en la década del 80' por todos los integrantes de Génesis.

 

El reportaje fue censurado por el MI5 que además clausuró y dio de baja el sitio del periódico, aunque algunos tramos fueron enviados a distintos bloggers de Argentina a través de los hackers y cyberactivistas agrupados en la redes "Anonymous Alcoholics" & "Known Borraches" & "WhiskyLeaks".

sábado, 25 de febrero de 2012

Las Malvinas y la continuidad de un delito internacional

Los ciudadanos británicos que habitan en las Islas Malvinas revisten la condición de usurpadores y por lo tanto carecen de derechos sobre ese territorio que pertenece legítimamente a la República Argentina.
En consecuencia resulta inadmisible la pretensión de esgrimir un "derecho a ser oídos" o la de ser aceptados como "parte" o "interlocutores" o "sujetos de derechos" en la discusión sobre la soberanía de las islas.
Esos ciudadanos británicos encuadran en la categoría de delincuentes internacionales -usurpadores colonialistas- y deben ser considerados como tales.

El razonamiento es sencillo: la usurpación no otorga derechos sino que –por el contrario- genera obligaciones y responsabilidades. En el caso de las Islas Malvinas la obligación es devolver el territorio usurpado, obligación exigible a la potencia europea (Gran Bretaña) que cometió el acto de agresión (ataque bélico) a través del cual se apoderó del territorio, y por extensión a los ciudadanos británicos (kelpers) que al establecerse allí se transformaron en cómplices y co-ejecutores de la usurpación de tal suerte que el crimen internacional se prolonga en el tiempo por la acción actual de sus ocupantes.

La condición de usurpadores no cambia por el hecho de que existan varias generaciones de ciudadanos británicos residiendo (incluso que han nacido) en las Islas Malvinas. Esa circunstancia sólo conduce a la conclusión de que ese núcleo poblacional está constituido por varias generaciones de usurpadores, todos ellos alcanzados por el pecado original, pero que también, a través de sus propias conductas actuales, persistentes, y de mala fe, prolongan el delito internacional con pretensiones de hacer nacer un derecho que por supuesto no tienen.

Se debe resaltar que la presencia de esos ciudadanos británicos (kelpers) en nuestro territorio usurpado implica complicidad material respecto de un crimen de derecho internacional.
El Estatuto de Roma (que está incorporado a nuestro derecho interno por Ley 25.390) establece que la competencia de la Corte Penal Internacional se limita a "los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto", entre los cuales incluye a "El crimen de agresión"(art. 5, ap. 1, inc. d, del Estatuto de Roma).
La definición de este crimen se encuentra pendiente de aprobación debido al boicot -justamente- de las grandes potencias (EE.UU., Gran Bretaña, Francia, etc.) dado que ellas serían las primeras en tener que responder internacionalmente, sin embargo el crimen existe y sólo falta su tipificación.

Por su parte, la Carta de las Naciones Unidas tiene dedicado todo el Capítulo VII a los casos de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión, lo que nos lleva a recordar el crimen de agresión de que fuera víctima nuestra Nación:
"El 3 de enero de 1833, una corbeta británica al mando del capitán Onslow se presentó en Puerto Soledad, donde estaba anclada una pequeña embarcación argentina llamada Sarandí. El capitán británico ordenó el retiro de los argentinos que estaban en el lugar. El jefe de la guarnición argentina, frente a una tremenda desproporción de fuerzas dijo que se retiraba, pero hacía responsables a los usurpadores del insulto y de la violación de los respetos debidos a la República y a sus derechos por la fuerza atropellados. Y agregó que no arriaría el pabellón nacional.  Los ingleses tomaron posesión de las islas en ese momento, ocuparon por la fuerza Puerto Soledad y arriaron nuestro pabellón. Así se escribió uno de los capítulos o, mejor dicho, un capítulo más del colonialismo en la historia de la humanidad. Todos los habitantes argentinos fueron expulsados de las islas […] El acto de fuerza realizado por Gran Bretaña en 1833 fue calificado según el memorándum de 1946 como acto de agresión injustificado".
(Diario de Sesiones de la Convención Nacional Constituyente de 1994, Debate del 18 de agosto de 1994, Dictamen de la Comisión de Integración y Tratados Internacionales referido a las Islas Malvinas, -Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional- Orden del Día nº 12).

Es obvio que en 1833 la ONU no existía, y no estaban vigentes la Carta de las Naciones Unidas ni el Estatuto de Roma, sin embargo no es óbice para señalar la existencia de un delito internacional (crimen de agresión) que, cometido en aquél momento, se mantiene y perdura hasta el día de hoy.

Como es sabido, el delito permanente (o continuado) es aquel en que el agente persiste en su voluntad de mantener y hacer perdurar el estado antijurídico. Enseña la doctrina que "En los delitos permanentes (como por ejemplo, el secuestro) el delito ya consumado (privar de libertad) se sigue cometiendo mientras se mantiene al sujeto pasivo privado de libertad. De allí que sea menester distinguir 'tiempo de comisión' de 'tiempo de consumación' y tener presente que el tiempo de la comisión es el del hacer voluntario (Böckelmann, Baumann, Mezger, Welzel, Jeschek, Schultz, etcétera)" (cfr. Zaffaroni: Manual de Derecho Penal, p. 181, 6ª edición, Ediar).

El crimen de agresión –y la usurpación mantenida por vía de los kelpers- integra la categoría de crímenes permanentes, en los que la actividad consumativa perdura en el tiempo, de modo que "todos los momentos de su duración pueden imputarse como consumación". Dice la doctrina moderna: "En los delitos permanentes el mantenimiento del estado antijurídico creado por la acción punible depende de la voluntad del autor, así que, en cierta manera, el hecho se renueva constantemente" (Cfr. Jescheck: Tratado de Derecho Penal, Parte General, p. 237).

El crimen permanente supone el mantenimiento de una situación antijurídica, de cierta duración, por la voluntad de los autores, lapso durante el cual se sigue realizando, y continúa consumándose hasta que cesa la situación antijurídica. En estas estructuras típicas "está en poder del agente el hacer continuar o cesar esa situación antijurídica; pero mientras ésta perdure, el delito se reproduce a cada instante en su esquema constitutivo" (Cfr. Maggiore: Derecho Penal, traducido por Ortega Torres, t. 1, p. 295).

"…el delito es perfecto; este carácter no se altera por la circunstancia de que dicha privación dure un día o un año. Desde la inicial verificación del resultado hasta la cesación de la permanencia, el delito continúa consumándose... En tanto dure la permanencia, todos los que participen del delito serán considerados coautores o cómplices, en razón de que hasta que la misma cese, perdura la consumación" (De Benedetti, Wesley: Delito permanente. Enciclopedia jurídica Omeba, t. VI, p. 319).

De allí entonces que los ciudadanos británicos que sabiendo y conociendo de antemano (de mala fe) que su presencia en las Islas Malvinas no es conforme a derecho, están refrendando con sus conductas el estado antijurídico y el crimen internacional originario haciéndose partícipes de él, ejecutándolo una y otra vez.

Hago alusión a la mala fe de los ciudadanos británicos (kelpers) que habitan las Islas Malvinas en razón de que ella surge de manera palmaria y evidente.

Para valorar esta mala fe, un aspecto a tener en cuenta es que ellos se reconocen como ciudadanos británicos y de hecho lo son porque en 1983 el Parlamento del Reino Unido de Gran Bretaña sancionó la legislación denominada British Nationality (Falkland Islands) Act, a través de la cual se les concedió ese carácter nacional.

Otro aspecto es que esos ciudadanos británicos (kelpers) se aprovechan y disponen como si fueran propios de los recursos naturales de las Islas, celebrando contratos de explotación -verdaderos actos de disposición- sobre nuestro patrimonio ictícola sin dar cuenta ni participación alguna a nuestro país damnificado por el crimen originario y por su prolongación.

Por su importancia y claridad, aconsejo la lectura pormenorizada del post escrito por Arturo H. Trinelli en "El Club de los Filómatas" donde señala:

"En efecto, en torno de la pesca, los kelpers de posguerra se enriquecieron notablemente, pues las ventas de casi 125 licencias que hacían al año les generaban ingresos de hasta 50 millones de dólares, donde la sobreventa llegó a provocar la merma de algunas especies, como el calamar, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria argentina.
En enero, una nota del diario inglés The Telegraph afirmó que la industria pesquera en Malvinas representa 45 millones de libras, parte de las cuales proviene de la venta del calamar Illex a Asia. Los ingresos por las ventas de esas licencias, el 75 por ciento destinado a esta especie, resultaron un negocio millonario que posibilitó a los pobladores de las islas alcanzar un PBI per cápita de 32 mil dólares anuales –el más alto del continente americano– y con esto aumentó la autonomía económica de los isleños sobre Londres.
En ese sentido, cabe recordar la iniciativa de conceder 25 años de licencia pesquera a barcos extranjeros que operan en Malvinas, lo cual es una abierta violación a las resoluciones de Naciones Unidas, que reconocen una disputa en torno de las islas y recomiendan posponer decisiones unilaterales sobre las mismas mientras se atraviesa el proceso de descolonización del archipiélago"
.

Es decir que estos ciudadanos británicos (kelpers) que ocupan las Islas Malvinas, además de prolongar el estado antijurídico incurriendo en complicidad material con el crimen de agresión originario, también se permiten desobedecer -por sí mismos- las resoluciones de las Naciones Unidas, contando para ello con la aquiescencia y el amparo de la protección militar de una de las mayores potencias nucleares y colonialistas del mundo.

¿Cómo es posible que se pretenda alegar "autodeterminación" de un pueblo, cuando ese pueblo no está dispuesto a acatar las resoluciones de la comunidad internacional expresadas en las Naciones Unidas?

La contradicción no es producto de la casualidad sino que obedece a un aspecto muy concreto y es la complicidad criminal de la que vengo hablando.

Un artículo publicado el 24 de julio de 2005 en el Diario La Nación (autoría de Paula Urien), deja al desnudo esa complicidad y permite verificar cuál es "el deseo de los kelpers":

"Hace unos años -dice Tozer-, estando en Malvinas, noté en la casa de unos amigos que el frasco de mostaza era de Inglaterra y tres veces más cara que en Londres. Les dije que se podía conseguir muy buena mostaza en la Argentina, pero me contestaron 'preferimos pagar cinco veces más, pero que la mostaza sea inglesa'. Es que la bonanza económica les permite no ceder en nada. Su discurso es que no nos necesitan, para nada. Pensar que se compran un jean por catálogo, y lo reciben por correo. Al final lo terminan pagando 200 dólares. Pero eso es lo que prefieren […] El tema es no decir que necesitan algo de este país […] los supermercados sólo ofrecen productos británicos".
"Para muchos en Buenos Aires, la autosuficiencia económica de los isleños es relativa y esconde también el deseo de los kelpers de mostrar que no necesitan de nadie. Para Lilian del Castillo, profesora titular de la cátedra de Derecho Internacional Público de la UBA, no todo es color de rosa, es decir, los isleños no son tan económicamente independientes: "Tienen una gran base militar para 1500 hombres que solos no podrían costear. No hay una empresa grande que explore el petróleo, y la pesca disminuye... Ellos no son un país, por eso es cuestionable hablar de PBI, tienen una dependencia del gobierno central"
.

La mala fe de los ciudadanos británicos (kelpers) queda en evidencia también con la utilización de una bandera trucha, quedando en lo anecdótico el episodio del pasquín que rotuló con la palabra "bitch" a la fotografía de la Presidenta de la Nación.

Por supuesto que no estamos en presencia de un pueblo originario ni de una corriente inmigratoria pacífica que se asentó en ese territorio sino de un transplante poblacional con el propósito deliberado prolongar la usurpación en todo el tiempo que fuere posible.

"Es del caso señalar que bajo ningún punto de vista puede afirmarse en la cuestión de Malvinas el derecho a la autodeterminación porque, como dijera en 1964 el doctor José María Ruda, uno de nuestros representantes ante el Subcomité de Descolonización de las Naciones Unidas, hay derecho a la autodeterminación cuando un pueblo es sojuzgado por una potencia extranjera. Advertimos que en el caso de Malvinas no se verificó esa situación; muy por el contrario, hubo un pueblo impuesto por una potencia extranjera que desalojó a sus legítimos ocupantes hasta ese momento. (Aplausos) Además, debe tenerse presente que desde 1833 Gran Bretaña estableció un riguroso sistema de control para ingresar y radicarse en las islas, excluyéndose la posibilidad de la libre radicación, libre contrato de trabajo y libre acceso a la tierra, configurándose así un grupo humano de características tales que no le cabe invocar la autodeterminación".
(Diario de Sesiones de la Convención Nacional Constituyente de 1994 (Orden del Día nº 12).

Es decir que "los cómplices" fueron cuidadosamente seleccionados por el Reino Unido para asentarse en las Islas Malvinas y continuar la usurpación bajo la apariencia de pacíficos cuidadores de ovejitas.

Otro aspecto muy importante por analizar es el pretendido respeto a "los deseos" de los ciudadanos británicos (kelpers) que usurpan nuestro territorio. Sobre el particular se ha expresado una conocida "murga" de intelectuales cipayos equivocados, entre ellos, dos abogados (Sabsay y Gargarella) identificados como constitucionalistas de la Democracia Deliberativa y ex discípulos de Carlos Santiago Nino.

Transcribo otro tramo del debate celebrado en la Constituyente que permitirá despejar las confusiones que pretenden instalar estos personajes nefastos equivocados.

"En la segunda parte decimos que la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino. […]

Hacemos una expresa mención al modo de vida de los habitantes porque una de las estrategias utilizadas por los británicos en los foros internacionales consiste en plantear que deben tenerse en cuenta los deseos de los habitantes de las islas, mientras que la posición invariable de la Argentina ha sido la de respetar los intereses de aquellos.

No es esta una cuestión meramente semántica. Al mencionar en el texto constitucional el respeto al modo de vida de los habitantes de las islas, atendemos al principio de los intereses y no de los deseos, porque en este último caso se estaría aceptando el principio de la autodeterminación que, como lo analizamos por separado, no es aplicable al caso de Malvinas.
Esta posición de la República Argentina está avalada y tiene respaldo en el marco normativo de las Naciones Unidas. Todas sus resoluciones, desde la 1.514 en adelante, y la misma Carta de las Naciones Unidas, indican que hay que tener en cuenta los intereses de los habitantes y no sus deseos. No tenemos ningún inconveniente en respetar el modo de vida de ellos.

Quizás pueda parecer sobreabundante colocar esto en la norma, porque en este país que es crisol de razas siempre hemos respetado el modo de vida de todos los hombres de buena voluntad que vinieron al suelo argentino, sin distinción de origen, raza o religión. (Aplausos prolongados) Pero esta norma no sólo es para adentro; es también para afuera. Estamos notificando a todos los países del mundo que no vamos a claudicar jamás en nuestra reivindicación sobre las Islas Malvinas (aplausos) y les estamos diciendo que vamos a respetar el modo de vida de los habitantes. (Aplausos prolongados)

Decimos que es un objetivo permanente e irrenunciable, y esto constituye un mandato para todas las generaciones de argentinos. Nunca debemos olvidar que hay una parte de nuestro territorio que no está habitada por argentinos sino que está en manos extranjeras.

Hoy estamos sancionando una Constitución y queremos que ella rija en todos los rincones del país. Debemos ser conscientes de que hay una parte del territorio argentino donde no se podrá aplicar todavía la Constitución Nacional porque está en manos extranjeras. Esto debemos tenerlo presente para que en todos los instantes de la vida sepamos que hay un territorio que tiene que ser reivindicado. Decimos que debemos hacerlo conforme a los principios del Derecho Internacional porque sabemos que tenemos la razón, que tenemos el derecho y que nos asisten los principios fundamentales que hacen a la justicia y a la libertad".

(Diario de Sesiones de la Convención Nacional Constituyente de 1994, Orden del Día nº 12, debate del 18 de agosto de 1994).

Del mismo modo, tampoco se puede compartir bajo ningún punto de vista el esquema elaborado por el constitucionalista pampeano Gustavo Arballo, bajo el título "Banderas para todos: Malvinas y nosotros", disponible en este link de su Blog Saber Derecho y en este otro del Diario Página 12 del 25-01-2012. Descontando desde ya la buena fe con que se maneja el jurista riverplatense, lo cierto es que sus proposiciones conducen al mantenimiento del status quo e implican derechamente que nuestro país (damnificado) es el que tiene que adecuarse -incluso constitucionalmente- a los intereses de los ocupantes usurpadores permitiendo que se constituyan en un satélite autónomo donde la soberanía pasa a convertirse en una cáscara vacía.

Lo cierto es que "los intereses" que deberían respetarse sólo pasan por el derecho de esos ciudadanos de salir o permanecer en las Islas Malvinas, y en éste último caso respetar la propiedad de sus viviendas, de sus automóviles, semovientes y demás bienes muebles e inmuebles que posean para su subsistencia, trabajo, etc.; tal como acontece con cualquier argentino o extranjero.

Obviamente, conservan el derecho de mantener su actual nacionalidad británica o de adoptar la nacionalidad argentina si así lo desean (nadie impone nada a nadie), pero sea en uno u otro caso estarán sometidos a nuestro orden jurídico, gozarán de los mismos derechos y obligaciones que cualquier habitante de nuestra república, conforme los arts. 14, 14 bis y 20 de la Constitución Nacional.

Si desean volver a Gran Bretaña y llevarse con ellos sus bienes muebles (autos y ovejas) tienen todo el derecho de hacerlo, pueden abandonar sus casas e inmuebles y podrán ser indemnizados por la potencia colonialista que fue la que los trajo. Nunca por nuestro país. Al contrario, la República Argentina podría resignar su derecho a ser indemnizada por esa usurpación como gesto de buena voluntad.

Otro gesto de buena voluntad sería resignar el ejercicio de la persecución penal contra estos ciudadanos británicos (kelpers) que mantuvieron la usurpación, podría dictarse una amplia ley de amnistía a favor de ellos (art. 75, inc. 20 de la CN). Borrón y cuenta nueva.

Respetar el modo de vida de sus habitantes incluye las normas de tránsito. Sabemos que esta gente usa el volante a la derecha y conduce por el carril izquierdo; entonces, otro gesto de buena voluntad de nuestra parte es otorgar un plazo largo (10 años) o directamente exceptuarlos de cumplir con la Ley 24.449 (Ley de Tránsito).

Tampoco corresponde obligarlos a utilizar el SIMELA (Sistema Métrico Legal Argentino) basado en el sistema métrico decimal, Ley 19.511. No podés ir a un almacén de las Islas Malvinas y pedir un kilo de azúcar (no se puede ser tan hijo de puta). Esta gente se maneja con "onzas", "pulgadas" y ese tipo de cosas, así que hay que permitirles seguir usando esas unidades de medida. Es otro gesto de buena voluntad.


En el caso de la moneda de curso legal, sabemos que si acá la gente anda por la City comprando Dólares y prestándose al juego de las corridas bancarias, no hay ningún inconveniente en que sigan utilizando sus Libras Esterlinas y Euros y que paguen los impuestos con esa moneda al tipo de cambio fijado por la buena de Mercedes Marcó del Pont.

Desde luego que deben caducar de pleno derecho los ilegales e ilegítimos contratos y concesiones pesqueros, petrolíferos y de cualquier otro tipo que se hayan celebrado y que afecten nuestra soberanía. Salvo que por razones políticas el Estado se persuada de la conveniencia de mantenerlos durante algún tiempo de transición.

En cuanto a los derechos políticos cabe advertir que estarían objetivamente limitados del mismo modo que nosotros no votamos en Gran Bretaña ni elegimos a David Cameron.
El voto tiene dos aspectos: elegir (activo) y ser elegido (pasivo). Con el primero no hay problema porque acá en las elecciones vota todo el mundo (paraguayos, bolivianos, brasileños, uruguayos, peruanos, y todos los hermanos latinoamericanos residentes), o sea que no hay problema con los descendientes de la Rubia Albion (llámese John William Cooke o el Tata Brown).
Pero para el aspecto pasivo -ser elegido- se necesitan 10 años de ejercicio de la ciudadanía de acuerdo la Constitución de Tierra del Fuego, así que a pelarse loco.

Bueno, me fui a la mierda.

Para terminar, la Cláusula Transitoria Primera de la Constitución Nacional dice:
"La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.
La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino"
.

El texto fue elaborado por la "Comisión de Integración y Tratados Internacionales referido a las Islas Malvinas" con las firmas de Carlos V. Corach, Antonio M. Hernández, Eugenio R. Zaffaroni, Pablo J. A. Bava, María G. Bercoff, Augusto C. Acuña, Rodolfo Barra, Ricardo R. Biazzi, Juan Pablo Cafiero, Elisa M. A. Carrio, Guillermo H. De Sanctis, María C. Figueroa, Alberto M. García Lema, Marcelo Guinle, Ricardo J. G. Harvey, Aníbal Ibarra, Gabriel J. Llano, Fernando J. López de Zavalía, Juan C. Maqueda, Héctor Masnatta, Alberto A. Natale, Alicia Oliveira, Hugo N. Prieto, Humberto Quiroga Lavié, Carlos G. Spina, Pablo Verani. Tuvo la disidencia parcial de César Arias, y la disidencia total de Oscar Aguad.

Una vez en el recinto, la votación finalizó así:

Para terminar, quiero señalar que en los últimos tiempos tanto los habitantes de las islas como los del Reino Unido han manifestado que para optimizar la solución de la cuestión Malvinas es necesario que la República Argentina deje de lado la reclamación y abandone sus pretensiones.

Estoy seguro de que en el corazón de todos los argentinos la respuesta instantánea y espontánea es que mientras haya un argentino en esta tierra no vamos a claudicar jamás en nuestro reclamo. (Aplausos prolongados)

Si alguna duda les cabía, con la incorporación de este texto a la Constitución les estamos dando la respuesta más categórica y contundente. Les estamos diciendo que el pueblo argentino, a través de su máxima instancia legislativa, ha consagrado nuestros derechos inalienables, y que no cesaremos jamás en conseguir el objetivo de recuperar este sagrado territorio nacional.

Nos convocan para ello, señores convencionales; nos convoca nuestra historia, nos convoca nuestro pasado, nos convoca nuestra tradición y nos convoca también la sangre de nuestros héroes enterrados en las Malvinas, que reclaman que luchemos permanentemente para que podamos decir que están enterrados en suelo argentino. (Puestos de pie los señores convencionales y el público prorrumpen en aplausos prolongados al orador).

Tiene la palabra el señor convencional por Córdoba.

Sr. MESTRE.— Consideramos que esta manifestación de pie de la totalidad de los señores convencionales constituyentes significa la más absoluta ratificación a la incorporación de este texto en la Constitución Nacional. (Aplausos)

Sr. PRESIDENTE.— Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.

—La votación resulta afirmativa por aclamación.

Sr. PRESIDENTE.— Queda aprobado por unanimidad el texto constitucional como cláusula transitoria. (Puestos de pie los señores convencionales y el público presente prorrumpen en aplausos prolongados)



A los 17 intelectuales cipayos equivocados hay que recordarles que el debate está cerrado desde hace rato.



Editado: He decidido testar las palabras "cipayos" y "nefastos" por sugerencia de Horacio Verbitsky y Mario Wainfeld que en sus respectivas columnas me reprendieron por utilizar esos términos peyorativos.
Dice Horacio: "Llamar a los firmantes gurkhas, cipayos, colonizados, quinta columna o traidores no es la mejor manera de rebatir sus endebles argumentos".
Dice Mario: "De cualquier manera, el cronista piensa que debe saludarse cualquier propuesta a debatir. Y no maltratar con sustantivos o adjetivos descalificativos a quienes, desde una posición muy solitaria (detalle que, sin zanjar la polémica, es digno de mención), ejercen su derecho a expresarse"
Si bien no me mencionan ni a mí ni a este blog, de todos modos me siento aludido y es obvio que se dirigen a mí de manera elegante. Dado que les asiste razón, he dado cumplimiento a los deseos de los comandantes Horacio y Mario. Gracias.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Poesías de luto


Ellas se miran desconsoladas, se abrazan y se dejan caer abatidas.

Ellas -las poesías- reconocen al hombre-niño que dejará de convocarlas.

Ellas -las poesías- recuerdan al adolescente-niño que hace muchos años las juntó para emocionar generaciones de corazones.

Ellas están de luto.
Como nosotros que las escuchamos provenientes del talento de sus manos y de su voz.

El Flaco, niño-adolescente-hombre, supo derramarlas y ellas caían como la miel. Endulzando y haciendo pensar. Emocionando y latiendo.
Eran vida, eran fuego, y melancolía.

Ellas -las poesías- bien sabían que El Flaco Spinetta era el encargado de atraerlas y arroparlas, acariciarlas como recién nacidas, y ofrendarlas como suaves plumas flotando en el viento.

Ellas caían en el encantamiento, "su" encantamiento, el de los acordes, sonidos, melodías; eran sus cómplices para subyugar.

Llora la muchacha y sus lágrimas humedecen papel y tiza, pero ellas -las poesías- la rodean y le dan consuelo.

Ellas -las poesías- están de luto… pero no están de negro.
Siguen vestidas con los ropajes multicolor que el Flaco Spinetta supo darles.
Están tristes, sí, claro que sí.

Como Yo y como Vos. 

sábado, 28 de enero de 2012

El regreso de nuestra Presidenta y el "detrás de cámara"

Gracias al Canal de la Casa Rosada en Youtube podemos ver el "detrás de la cámara" del regreso de Cristina. Impresionante el cariño del Pueblo, la ovación, los cánticos, las demostraciones de alegría. Sin palabras.





Y a continuación el discurso completo con las definiciones y la docencia que caracteriza cada una de las intervenciones de nuestra Presidenta:



Pueden suscribirse al Canal (que está muy bueno) y recibir por correo las actualizaciones.
Imprescindible para todos los compañeros que día a día alumbran la realidad con sus blogs.
Nos vemos dentro de un mes (si Dios quiere).

martes, 17 de enero de 2012

Clasificados Románticos para Abogad@s


CIVILISTA CASADO
45 años, en buen estado, con el deterioro normal que un uso razonable genera a lo largo del tiempo, según el curso natural y ordinario de las cosas, busca una colega no mayor de 30 años, para relación informal, atípica e innominada, al sólo título amatorio, sin reconocer hechos ni derechos, excluyente no ejercer animus domini.

PROCESALISTA
Soltero, maduro, respetuosamente formula, por 3 días, esta petición concreta y positiva: demanda dama de buen proceder, cualesquiera sean sus recursos, para fines serios, previo proceso de conocimiento con todas sus etapas. Apela a la inteligencia, no susceptible de revocatoria, antes que a la belleza, siempre sujeta a caducidad de instancia.

ABOGADA DIVORCIADA
Con experiencia, busca abogado novel, entre 22 y 28 años, atlético, para hacer tribunales por la mañana, confeccionar cédulas por la tarde y realizar secuestros por la noche, con disponibilidad para atender diligencias en días y horas inhábiles.

TRIBUTARISTA
Divertida busca colega de su misma especialidad (único que podría creerle), responsable (preferentemente inscripto), para afianzar la realidad sustancial de una relación, más allá de las formas jurídicas con que se la instrumente, previa declaración jurada de fidelidad.

MEDIADOR
Mediana edad, clase media, con medio de locomoción propio, busca media naranja, medio desinhibida, para encuentros rápidos al mediodía, no más de media hora, en medio del trajín. Mediáticas y litigiosas abstenerse.

PENALISTA EXITOSO
Jovial, con aguantadero propio y libertad condicional, busca señorita para relación típicamente antijurídica y culpable, de buen cuerpo del delito aunque sea de juicio abreviado, que nunca confiese, testigos de Jehová abstenerse.

PREVISIONALISTA
Otoñal busca señora mayor, jubilada o pensionada, que quiera reajustar su vida sentimental, no pretenda grandes hazañas y se conforme con una prestación básica universal una vez por mes.

LABORALISTA
Nacido en 1945, paternal, protectorio y tuitivo, busca relación de dependencia con muchacha trabajadora, nada celosa, que tolere ocasionales ejercicios del 'ius variandi', sin preaviso. Autónomas abstenerse.


Fuentes:
Ana Belén G. (Portal de Abogados)
Tofino (Taringa)

miércoles, 11 de enero de 2012

Julio Cortázar y "Las Palabras"

Conferencia de Julio Cortázar (Madrid, 1981).


Si algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad.


En vez de brotar de las bocas o de la escritura como lo que fueron alguna vez, flechas de la comunicación, pájaros del pensamiento y de la sensibilidad, las vemos o las oímos caer corno piedras opacas, empezamos a no recibir de lleno su mensaje, o a percibir solamente una faceta de su contenido, a sentirlas corno monedas gastadas, a perderlas cada vez más como signos vivos y a servirnos de ellas como pañuelos de bolsillo, como zapatos usados.


Los que asistimos a reuniones como ésta sabemos que hay palabras-clave, palabras-cumbre que condensan nuestras ideas, nuestras esperanzas y nuestras decisiones, y que deberían brillar como estrellas mentales cada vez que se las pronuncia.


Sabemos muy bien cuales son esas palabras en las que se centran tantas obligaciones y tantos deseos: libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo, justicia social, democracia, entre muchas otras.
Y ahí están otra vez esta noche, aquí las estamos diciendo porque debemos decirlas, porque ellas aglutinan una inmensa carga positiva sin la cual nuestra vida tal como la entendemos no tendría el menor sentido, ni como individuos ni como pueblos.
Aquí están otra vez esas palabras, las estamos diciendo, las estamos escuchando Pero en algunos de nosotros, acaso porque tenemos un contacto más obligado con el idioma que es nuestra herramienta estética de trabajo, se abre paso un sentimiento de inquietud, un temor que sería más fácil callar en el entusiasmo y la fe del momento, pero que no debe ser callado cuando se lo siente con fuerza y con la angustia con que a mí me ocurre sentirlo.


Una vez más, como en tantas reuniones, coloquios, mesas redondas, tribunales y comisiones, surgen entre nosotros palabras cuya necesaria repetición es prueba de su importancia; pero a la vez se diría que esa reiteración las está como limando, desgastando, apagando.


Digo: "libertad" digo: "democracia", y de pronto siento que he dicho esas palabras sin haberme planteado una vez más su sentido más hondo, su mensaje más agudo, y siento también que muchos de los que las escuchan las están recibiendo a su vez como algo que amenaza convertirse en un estereotipo, en un cliché sobre el cual todo el mundo está de acuerdo porque ésa es la naturaleza misma del cliché y del estereotipo: anteponer un lugar común a una vivencia, una convención a una reflexión, una piedra opaca a un pájaro vivo.


¿Con qué derecho digo aquí estas cosas?
Con el simple derecho de alguien que ve en el habla el punto más alto que haya escalado el hombre buscando saciar su sed de conocimiento y de comunicación, es decir, de avanzar positivamente en la historia como ente social, y de ahondar como individuo en el contacto con sus semejantes.
Sin la palabra no habría historia y tampoco habría amor; seriamos, como el resto de los animales, mera sexualidad.

El habla nos une como parejas, como sociedades, como pueblos.
Hablamos porque somos, pero somos porque hablamos.


Y es entonces que en las encrucijadas críticas, en los enfrentamientos de la luz contra la tiniebla, de la razón contra la brutalidad, de la democracia contra el fascismo, el habla asume un valor supremo del que no siempre nos damos plena cuenta.
Ese valor, que debería ser nuestra fuerza diurna frente a las acometidas de la fuerza nocturna, ese valor que nos mostraría con una máxima claridad el camino frente a los laberintos y las trampas que nos tiende el enemigo, ese valor del habla lo manejamos a veces como quien pone en marcha su automóvil o sube la escalera de su casa, mecánicamente, casi sin pensar, dándolo por sentado y por valido, descontando que la libertad es la libertad y la justicia es la justicia, así tal cual y sin más, como el cigarrillo que ofrecemos o que nos ofrecen.


Hoy, en que tanto en España como en muchos países del mundo se juega una vez más el destino de los pueblos frente al resurgimiento de las pulsiones más negativas de la especie, yo siento que no siempre hacemos el esfuerzo necesario para definirnos inequívocamente en el plano de la comunicación verbal, para sentirnos seguros de las bases profundas de nuestras convicciones y de nuestras conductas sociales y políticas.


Y eso puede llevarnos en muchos casos sin conocer a fondo el terreno donde se libra la batalla y donde debemos ganarla.
Seguimos dejando que esas palabras que transmiten nuestras consignas, nuestras opciones y nuestras conductas, se desgasten y se fatiguen a fuerza de repetirse dentro de moldes avejentados, de retóricas que inflaman la pasión y la buena voluntad pero que no incitan a la reflexión creadora, al avance en profundidad de la inteligencia, a las tomas de posición que signifiquen un verdadero paso adelante en la búsqueda de nuestro futuro.


Todo esto sería acaso menos grave si frente a nosotros no estuvieran aquellos que, tanto en el plano del idioma como en el de los hechos, intentan todo lo posible para imponernos una concepción de vida, del estado, de la sociedad y del individuo basado en el desprecio elitista, en la discriminación por razones raciales y económicas, en la conquista de un poder omnímodo por todos los medios a su alcance, desde la destrucción física de pueblos enteros hasta el sojuzgamiento de aquellos grupos humanos que ellos destinan a la explotación económica y a la alienación individual.


Si algo distingue al fascismo y al imperialismo como técnicas de infiltración es precisamente su empleo tendencioso del lenguaje, su manejo de servirse de los mismo conceptos que estamos utilizando aquí esta noche para alterar y viciar su sentido más profundo y proponerlos como consignas de su ideología.


Palabras como patria, libertad y civilización saltan como conejos en todos sus discursos, en todos sus artículos periodísticos.
Pero para ellos la patria es una plaza fuerte destinada por definición a menospreciar y a amenazar a cualquier otra patria que no esté dispuesta a marchar de su lado en el desfile de los pasos de ganso.
Para ellos la libertad es su libertad, la de una minoría entronizada y todopoderosa, sostenida ciegamente por masas altamente masificadas.
Para ellos la civilización es el estancamiento en un conformismo permanente, en una obediencia incondicional.


Y es entonces que nuestra excesiva confianza en el valor positivo que para nosotros tienen esos términos puede colocarnos en desventaja frente a ese uso diabólico del lenguaje.
Por la muy simple razón de que nuestros enemigos han mostrado su capacidad de insinuar, de introducir paso a paso un vocabulario que se presta como ninguno al engaño, y si por nuestra parte no damos al habla su sentido más auténtico y verdadero, puede llegar el momento en que ya no se vea con la suficiente claridad la diferencia esencial entre nuestros valores políticos y sociales y los de aquellos que presentan sus doctrinas vestidas con prendas parecidas; puede llegar el día en que el uso reiterado de las mismas palabras por unos y por otros no deje ver ya la diferencia esencial de sentido que hay en términos tales como individuo, como justicia social, corno derechos humanos, según que sean dichos por nosotros o por cualquier demagogo del imperialismo o del fascismo.


Hubo un tiempo, sin embargo, en que las cosas no fueron así.
Basta mirar hacia atrás en la historia para asistir al nacimiento de esas palabras en su forma más pura, para asentir su temblor matinal en los labios de tantos visionarios, de tantos filósofos, de tantos poetas.
Y eso, que era expresión de utopía o de ideal en sus bocas y en sus escritos, habría de llenarse de ardiente vida cuando una primera y fabulosa convulsión popular las volvió realidad en el estallido de la Revolución Francesa.
Hablar de libertad, de igualdad y de fraternidad dejó entonces de ser una abstracción del deseo para entrar de lleno en la dialéctica cotidiana de la historia vivida.
Y a pesar de las contrarrevoluciones, de las traiciones profundas que habrían de encarnarse en figuras como la de Napoleón Bonaparte y de las de tantos otros, esas palabras conservaron su sabor más humano, su mensaje más acuciante que despertó a otros pueblos, que acompañó el nacimiento de las democracias y la liberación de tantos países oprimidos a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del nuestro.


Esas palabras no estaban ni enfermas ni cansadas, a pesar de que poco a poco los intereses de una burguesía egoísta y despiadada empezaba a recuperarlas para sus propios fines, que eran y son el engaño, el lavado de cerebros ingenuos o ignorantes, el espejismo de las falsas democracias como lo estamos viendo en la mayoría de los países industrializados que continúan decididos a imponer su ley y sus métodos a la totalidad del planeta.
Poco a poco esas palabras se viciaron, se enfermaron a fuerza de ser viciadas por las peores demagogias del lenguaje dominante.
Y nosotros, que las amamos porque en ellas alienta nuestra verdad, nuestra esperanza y nuestra lucha, seguimos diciéndolas porque las necesitamos, porque son las que deben expresar y transmitir nuestros valores positivos, nuestras normas de vida y nuestras consignas de combate.


Las decimos, si, y es necesario y hermoso que así sea; pero ¿hemos sido capaces de mirarlas de frente, de ahondar en su significado, de despojarlas de la adherencias, de falsedad, de distorsión y de superficialidad con que nos han llegado después de un itinerario histórico que muchas veces las ha entregado y las entrega a los peores usos de la propaganda y la mentira?
Un ejemplo entre muchos puede mostrar la cínica deformación del lenguaje por parte de los opresores de los pueblos.


A lo largo de la segunda guerra mundial, yo escuchaba desde mi país, la Argentina, las transmisiones radiales por ondas cortas de los aliados y de los nazis.
Recuerdo, con asco que el tiempo no ha hecho más que multiplicar, que las noticias difundidas por la radio de Hitler comenzaban cada vez con esta frase: «Aquí Alemania, defensora de la cultura».
Si, ustedes me han oído bien, sobre todo ustedes los mas jóvenes para quienes esa época es ya apenas una página en el manual de historia.
Cada noche la voz repetía la misma frase: «Alemania, defensora de la cultura».
La repetía mientras millones de judíos eran exterminados en los campos de concentración, la repetía mientras los teóricos hitleristas proclamaban sus teorías sobre la primacía de los arios puros y su desprecio por todo el resto de la humanidad considerada como inferior.
La palabra cultura, que concentra en su infinito contenido la definición más alta del ser humano, era presentada como un valor que el hitlerismo pretendía defender con sus divisiones blindadas, quemando libros en inmensas piras, condenando las formas más audaces y hermosas del arte moderno, masificando el pensamiento y la sensibilidad de enormes multitudes.


Eso sucedía en los años cuarenta, pero la distorsión del lenguaje es todavía peor en nuestros días, cuando la sofisticación de los medios de comunicación la vuelve aún más eficaz y peligrosa puesto que ahora ataca los últimos umbrales de la vida individual, y debido a los canales de la televisión o las ondas radiales puede invadir y fascinar a quienes no siempre son capaces de reconocer sus verdaderas intenciones.


Mi propio país, la Argentina, proporciona hoy otro ejemplo de esta colonización de la inteligencia por deformación de las palabras.
En momentos en que diversas comisiones internacionales investigaban las denuncias sobre los miles y miles de desaparecidos en el país, y daban a conocer informes aplastantes donde todas las formas de violación de derechos humanos aparecían probadas y documentadas; la junta militar organizó una propaganda basada en el siguiente slogan: «Los argentinos somos derechos y humanos».
Así, esos dos términos indisolublemente ligados desde la Revolución Francesa y en nuestros días por la Declaración de las Naciones Unidas, fueron insidiosamente separados, y la noción de derecho pasó a tomar un sentido totalmente disociado de su significación ética, jurídica y política para convertirse en el elogio demagógico de una supuesta manera de ser de los argentinos.


Véase como el mecanismo de ese sofisma se vales de las mismas palabras: como somos derechos y humanos, nadie puede pretender que hemos violado los derechos humanos.
Y todo el mundo puede irse a la cama en paz.


Pero acaso no haya en estos momentos una utilización mas insidiosa del habla que la utilizada por el imperialismo norteamericano para convencer a su propio pueblo y a los de sus aliados europeos de que es necesario sofocar de cualquier manera la lucha revolucionaria en El Salvador.
Para empezar se escamotea el término «revolución», a fin de negar el sentido esencial de la larga y dura lucha del pueblo salvadoreño por su libertad -otro término que es cuidadosamente eliminado-; todo se reduce así a lo que se califica de enfrentamientos entre grupos de ultraderecha y de ultraizquierda (estos últimos denominados siempre como «marxistas», en medio de los cuales la junta de gobierno aparece como agente de moderación y de estabilidad que es necesario proteger a toda costa.
La consecuencia de este enfoque verbal totalmente falseado tiene por objeto convencer a la población norteamericana de que frente a toda situación política inesperada como inestable en los países vecinos, el deber de los Estados Unidos es defender la democracia dentro y fuera de sus fronteras, con lo cual ya tenemos bien instalada la palabra «democracia» en un contexto con el que naturalmente no tiene nada que ver.


Y así podíamos seguir pasando revista al doble juego de escamoteos y de tergiversaciones verbales que como se puede comprobar cien veces, golpea a las puertas de nuestro propio discurso político con las armas de la televisión, de la prensa y del cine, para ir generando una confusión mental progresiva, un desgaste de valores, una lenta enfermedad del habla, una fatiga contra la que no siempre luchamos como deberíamos hacerlo.
¿Pero en qué consiste ese deber? Detrás de cada palabra está presente el hombre como historia y como conciencia, y es en la naturaleza del hombre donde se hace necesario ahondar a la hora de asumir, de exponer y de defender nuestra concepción de la democracia y de la justicia social.


Ese hombre que pronuncia tales palabras, ¿está bien seguro de que cuando habla de democracia abarca el conjunto de sus semejantes sin la menor restricción de tipo étnico, religioso o idiomático? Ese hombre que habla de libertad, ¿está seguro de que en su vida privada, en el terreno del matrimonio, de la sexualidad, de la paternidad o la maternidad, está dispuesto a vivir sin privilegios atávicos, sin autoridad despótica, sin machismo y sin feminismo entendidos como recíproca sumisión de los sexos?
Ese hombre que habla de derechos humanos, ¿está seguro de que sus derechos no benefician cómodamente de una cierta situación social o económica frente a otros hombre que carecen de los medios o la educación necesarios para tener conciencia de ellos y hacerlos valer?


Es tiempo de decirlo: las hermosas palabras de nuestra lucha ideológica y política no se enferman y se fatigan por sí mismas, sino por el mal uso que les dan nuestros enemigos y que en muchas circunstancias les damos nosotros.


Una crítica profunda de nuestra naturaleza, de nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir, es la única posibilidad que tenemos de devolverle al habla su sentido más alto, limpiar esas palabras que tanto usamos sin acaso vivirlas desde adentro, sin practicarlas auténticamente desde adentro, sin ser responsables de cada una de ellas desde lo más hondo de nuestro ser.
Sólo así esos términos alcanzarán la fuerza que exigimos en ellos, sólo así serán nuestros y solamente nuestros.
La tecnología le ha dado al hombre máquinas que lavan las ropas y la vajilla, que le devuelven el brillo y la pureza para su mejor uso.


Es hora de pensar que cada uno de nosotros tiene una máquina mental de lavar, y que esa máquina es su inteligencia y su conciencia; con ella podemos y debemos lavar nuestro lenguaje político de tantas adherencias que lo debilitan.


Sólo así lograremos que el futuro responda a nuestra esperanza y a nuestra acción, porque la historia es el hombre y se hace a su imagen y a su palabra.


martes, 3 de enero de 2012

Corte Interamericana: la irretroactividad y el poder de la política

La Irretroactividad es un principio básico del Derecho, pero muy especialmente lo es en la rama penal. Las leyes -una vez sancionadas, promulgadas y publicadas- rigen para el futuro y no pueden aplicarse a hechos del pasado. Su contracara es la retroactividad de la ley penal más benigna (la que favorece al imputado y/o condenado) que posibilita aplicarla aún cuando su sanción haya sido posterior.

Ahora bien, ¿qué pasa con los Tratados y Convenciones Internacionales?
Parece una obviedad que fuera lo mismo, no obstante lo cual, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) se encargó de recordarlo en un reciente fallo, más precisamente en el caso "Grande vs. Argentina" donde sostuvo:
«Argentina reconoció la competencia contenciosa de la Corte Interamericana el 5 de septiembre de 1984 y en su declaración interpretativa indicó que el Tribunal tendría competencia respecto de “hechos acaecidos con posterioridad a la ratificación” de la Convención Americana, efectuada en esa misma fecha. Con base en lo anterior y en el principio de irretroactividad, la Corte en principio no puede ejercer su competencia contenciosa para aplicar la Convención y declarar una violación a sus normas cuando los hechos alegados o la conducta del Estado que pudieran implicar su responsabilidad internacional son anteriores a dicho reconocimiento de la competencia».

La irretroactividad de los instrumentos internacionales también se encuentra prevista en nuestro orden interno por conducto de la Ley 24.080 al disponer que: «Los tratados y convenciones internacionales que establezcan obligaciones para las personas físicas y jurídicas que no sea el Estado Nacional, son obligatorios sólo después de su publicación en el Boletín Oficial observándose al respecto lo prescripto por el artículo 2º del Código Civil».

Zlata Drnas de Clément, catedrática de la Universidad Nacional de Córdoba, una de las "capas" en Derecho Internacional Público, también se encarga de recordar este principio: «Además, generalmente, para que un tratado que establece obligaciones para las personas físicas o jurídicas que no sean el Estado Nacional sea exigible a esas personas (efecto directo subjetivo), se requiere su publicación en Boletín Oficial del Estado. Tal el caso de lo establecido en la Ley Nacional 24.080 de la República Argentina sobre Actos y Hechos Referidos a Tratados o Convenciones Internacionales en los que la Nación sea Parte». (Cfr.: Constitución Nacional y Jerarquía de los Tratados Internacionales, pág. 13, disponible en el Sitio Web de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba).

Bueno, resulta que la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad no fue incluida originariamente dentro del art. 75, inc. 22), párr. 2º de la Constitución Nacional (instrumentos internacionales que tienen jerarquía constitucional). Esta Convención fue aprobada por Ley 24.584 (promulgada el 23-noviembre-1995) y allí quedó muerta.

Tuvo que venir Néstor Kirchner y disponer la continuidad del trámite a través de la adhesión que se produjo por conducto del Decreto Nº 579/ 2003 (del 08-agosto-2003). También fue Néstor Kirchner quien envió al Congreso el proyecto que se convirtió en Ley 25.778 a través de la cual se le otorgó jerarquía constitucional de conformidad con el art. 75, inc. 22, párr. 3º de la Constitución Nacional.

La sanción fue en tiempo record: en la Cámara de Diputados se aprobó el 12-agosto-2003 y en la Cámara de Senadores se aprobó el 20-agosto-2003. O sea que "la Escribanía K" también funcionó para los Derechos Humanos (en tiempo record y sobre tablas).

¿A cuento de qué viene esto?
Bueno, porque si se aplica estrictamente el fallo de la CorteIDH y toooda la tecnocracia jurídica sobre irretroactividad, no se podría sostener la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad, no se podría haber declarado la nulidad insanable de las leyes de punto final y obediencia debida, no se podría condenar a los torturadores y genocidas, etc.; porque si las leyes, los tratados y las convenciones rigen para el futuro, entonces no se pueden aplicar a los crímenes del pasado (de las dictaduras latinoamericanas).
Por eso, la irretroactividad fue -en lo sustancial- el argumento con el cual, el Ministro de la CSJN, Carlos Santiago Fayt votó en -disidencia- el caso "Simón" (considerando 42), porque bien sabía, y no se le podía escapar al juez nonagenario, que la utilización de ese criterio tiene una consecuencia obvia: la impunidad de los responsables.

Desde luego que esto también lo saben los jueces de la CorteIDH y sin embargo, cuando fallaron en el caso "Gelman vs. Uruguay" (24-febrero-2011) la sentencia impuso obligaciones a la República Oriental del Uruguay ordenando que:
«...el Estado debe conducir y llevar a término eficazmente la investigación de los hechos del presente caso, a fin de esclarecerlos, determinar las correspondientes responsabilidades penales y administrativas y aplicar las consecuentes sanciones que la ley prevea, [...] El Estado debe garantizar que la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, al carecer de efectos por su incompatibilidad con la Convención Americana y la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, en cuanto puede impedir u obstaculizar la investigación y eventual sanción de los responsables de graves violaciones de derechos humanos, no vuelva a representar un obstáculo para la investigación de los hechos materia de autos y para la identificación y, si procede, sanción de los responsables de los mismos, [...] El Estado debe adoptar, en el plazo de dos años, las medidas pertinentes para garantizar el acceso técnico y sistematizado a información acerca de las graves violaciones de derechos humanos ocurridas durante la dictadura que reposa en archivos estatales,...».

Y fue como consecuencia de este fallo que el Congreso uruguayo sancionó la ley que evita la prescripción de los crímenes de la dictadura (1973-1985).

¿Cómo se entiende la cosa?
Una respuesta -la más facilonga- es que los delitos de desaparición forzada de personas están incluidos dentro de la categoría de «delitos permanentes», es decir que se siguen cometiendo mientras la víctima no aparezca. Este razonamiento nos conduciría a decir que como la víctima no aparece, el delito se sigue cometiendo y por lo tanto no hay aplicación retroactiva sino aplicación actual a un delito actual.

Otra explicación pasa -como siempre- por la política. ¿Por qué digo esto?
Bueno, pasa que en el caso Gelman la CorteIDH destaca que la desaparición forzada de María Claudia (la nuera de Gelman) ocurrió en el marco de la "Operación Cóndor". Dice la sentencia:
«44. El presente caso reviste una particular trascendencia histórica, pues los hechos comenzaron a perpetrarse [...] en el marco de la doctrina de seguridad nacional y de la Operación Cóndor. La existencia de esa operación ya fue reconocida por este Tribunal en el caso Goiburú y otros vs. Paraguay en los siguientes términos:...».
Y a continuación transcribe el párrafo pertinente,... peeero... curiosamente apareció una tijera justo cuando se hace referencia a la CIA.

Me voy a leer la sentencia del caso "Goiburú y otros vs. Paraguay" (22-09-2006) y es interesante que un Tribunal Internacional (y no Wikipedia) sea el encargado de señalar la complicidad de la CIA -y otras agencias estadounidenses- en el apoyo a las dictaduras latinoamericanas para la comisión de crímenes desde el aparato estatal.

En el fallo "Goiburú" la CorteIDH dice concretamente y sin ambages:
«VIII.- HECHOS PROBADOS: [...] la Corte considera probados los siguientes hechos: [...] Sobre la “Operación Cóndor”: [...] La mayoría de los gobiernos dictatoriales de la región del Cono Sur asumieron el poder o estaban en el poder durante la década de los años setenta, lo que permitió la represión contra personas denominadas como “elementos subversivos” a nivel inter-estatal. El soporte ideológico de todos estos regímenes era la “doctrina de seguridad nacional”, por medio de la cual visualizaban a los movimientos de izquierda y otros grupos como “enemigos comunes” sin importar su nacionalidad. Miles de ciudadanos del Cono Sur buscaron escapar a la represión de sus países de origen refugiándose en países fronterizos. Frente a ello, las dictaduras crearon una estrategia común de “defensa”. [...] En este marco, tuvo lugar la llamada “Operación Cóndor”, nombre clave que se dio a la alianza que unía a las fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia de las dictaduras del Cono Sur en su lucha y represión contra personas designadas como “elementos subversivos”. Las actividades desplegadas como parte de dicha Operación estaban básicamente coordinadas por los militares de los países involucrados. Dicha Operación sistematizó e hizo más efectiva la coordinación clandestina entre “fuerzas de seguridad y militares y servicios de inteligencia” de la región, que había sido apoyada por la CIA, la agencia de inteligencia, entre otras agencias, de los Estados Unidos de América. Para que la Operación Cóndor funcionara era necesario que el sistema de códigos y comunicaciones fuera eficaz, por lo que las listas de “subversivos buscados” eran manejadas con fluidez por los distintos Estados».

Queda claro que la "Operación Cóndor" fue un plan criminal de carácter transnacional, no sólo porque fue ejecutado por el conjunto de las dictaduras latinoamericanas sino porque estaban apoyadas por la máxima potencia imperialista, el verdadero criminal detrás de ellas. No por casualidad Noam Chomsky afirma que «Estados Unidos es el mayor terrorista del mundo» y que «Lo que Estados Unidos ha hecho en América Latina tradicionalmente es imponer brutales dictaduras militares que no se discuten por el poder de la propaganda».

Queda claro que si se parte de la realidad que le tocó sufrir a América Latina, si se tiene en cuenta que las dictaduras y sus crímenes fueron prohijados por el imperialismo yanki, entonces ninguna democracia (ni la argentina ni la uruguaya) tiene legitimidad para amnistiar, fenecer, hacer prescribir o caducar esos crímenes.

Lo que queda subyacente es que la CorteIDH condenó al Uruguay (y condenaría a cualquier otro país) para que estos crímenes no vuelvan a ocurrir, porque sospecha/sabe que EEUU y sus agencias siguen apoyando y llevando a cabo planes de desestabilización contra países diversos como ocurre en el mundo árabe, no ya con motivo de la guerra fría sino para controlar los recursos.

Lo que queda subyacente es que la CorteIDH hizo lo que se hace en política: ejercer el poder, su poder, y lo hizo a modo de defensa: no se puede perseguir a los ideólogos de la CIA y del Departamento de Estado -porque la relación de fuerzas no lo permite-, pero al menos puede ordenar la persecución y condena de sus lacayos y cipayos locales. Seguirán emergiendo otros, seguramente, pero tendrán que pensarlo bien antes de emprender un plan criminal contra los pueblos.

No debe sorprender que desde la Democracia Deliberativa se defienda la impunidad, sobre todo de la CIA, ni que el más amargo, amarillo y sombrío de sus constitucionalistas critique la sentencia del caso Gelman. Nacieron para defender al Imperio escudándose en argumentos -abstractos e irreales- supuestamente desde posiciones progresistas o de izquierda, como «el valor epistémico y la superioridad moral de la Democracia». Pura basura. Son los "Chicago Boys" del derecho en la Argentina. Neoliberalismo puro y disfrazado.

A las jóvenes generaciones de abogados, juristas, constitucionalistas, sociólogos, y -sobre todo- a los jóvenes que se están involucrando, deberíamos enseñarles que TODO está subordinado a la Política y no a la tecnocracia económica, jurídica o constitucional.

Del mismo modo que Artemio López destaca la visión de Néstor Kirchner cuando planteaba el desendeudamiento, yo quiero recordar por qué la política de Derechos Humanos también fue otra de sus enormes visiones:
«Cabe destacar que en materia de derechos humanos, la política nacional, debe ser unívoca y carente de ambigüedades que la relativicen o menoscaben su contenido
Otorgar jerarquía constitucional a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad, además de asignarte el rango que sus disposiciones merecen, representa una señal para el conocimiento de las naciones, de que la República Argentina no está dispuesta a tolerar en modo alguno la comisión e impunidad de dichos crímenes, razón por la cual es que se solicita del Honorable Congreso de la Nación, la aprobación del proyecto adjunto»
(firmado por Néstor Kirchner, fragmento del Mensaje Nº 580/03 del 11-agosto-2003, de elevación del proyecto de Ley 25.778).

Actualmente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene a un argentino entre sus miembros, se trata de Leonardo Alberto Franco, quien fuera Subsecretario de Política Latinoamericana del Gobierno de Néstor Kirchner. Además de su currículum impresionante, Leonardo Franco fue uno de los tantos profesionales que tuvo que exiliarse en 1976 a raíz del advenimiento de la Dictadura y regresó recién en 1995. Me siento honrado de tener a este argentino en la CorteIDH, y me siento seguro sabiendo que por cada constitucionalista cipayo moldeado en las Escuelas de Leyes del Imperio, habrán otros dispuestos a poner su saber y su ciencia al servicio de la justicia en Latinoamérica.